Un futuro mejor

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Viajar al futuro puede ser algo genial… pero no cuando ves en qué se va a convertir tu ciudad. Al menos, eso es lo que me pasó a mí hace poco. Bueno, poco… relativamente. Viajé hace unos meses, aunque en realidad me transporté a dentro de más de cincuenta años… en fin, que esto de viajar en el tiempo puede ser un lío.

A lo que iba.

Que somos unos cochinos.

Sí, sí, me da igual que os enfadéis. Es verdad. Unos auténticos gorrinos. Mirad la ilustración de arriba. Eso oscuro es nada más y nada menos que… ¡humo! Es una guarrada. Así no hay quien viva. Y es lo que nos espera de aquí a medio siglo si no hacemos nada para remediarlo.

Somos unos cochinos.

Ya, ya sé que me repito, pero es que estoy muy enfadada. Y cuando me enfado mucho, me repito.

En realidad, hacer que este futuro no ocurra no es nada complicado… Pasa por que seamos un poquito más responsables. Por ejemplo, que reciclemos. No nos cuesta nada tirar los envases de plástico en el contenedor amarillo. Y los de cristal en el contenedor verde que tiene forma de iglú (¡Quitad antes los tapones!).

Ah, el plástico es una de las cosas más contaminantes… ¿Sabías que una bolsa de plástico tarda entre 100 y 1 000 años en descomponerse? ¡Qué barbaridad!

Claro que a veces, en lugar de tirar, podemos intentar darle otro uso a las cosas. Por ejemplo, podemos hacer macetas a partir de bombillas. ¡Quedan la mar de bonitas!

También podemos hacer muebles a partir de cajas y palés de madera, portavelas con latas, lámparas con botellas de plástico…

Y sobre todo no malgastéis: apagad las luces cuando no las necesitéis y cerrad el grifo para no gastar agua de más.

Seguro que se os ocurren un montón de ideas para reciclar y reutilizar… ¿Nos las contáis?

Álex viaja al futuro en Un Salto Al Futuro (Susaeta, 2016) y lo que ve allí no le gusta nada: pobreza, contaminación y mucha infelicidad. Desde luego, no es para nada lo que esperaba.

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Herramientas para aventureros (I)

PAG 3 - Herramientas de Alex - TIFComo ya sabéis, soy una chica la mar de preparada para una aventura. Y es que… ¡nunca se sabe cuándo vas a tener que hacer un viaje en el tiempo! Al menos, así es últimamente nuestra vida. Además, Qi sabe un montón de cosas de la Historia, pero cuando se trata de sobrevivir, es mejor dejárselo a una experta. Esa soy yo.

Y por eso me encanta la ropa de exploradora, toda llena de bolsillos y trabillas de las que colgar mis “apechusques”.

En ellas llevo de todo: una brújula, bolis, destornilladores, una navaja multiusos, un mechero, una linterna de dinamo, comida de astronauta…

Hoy voy a hablaros, concretamente, de las luces químicas (siempre llevo un par por si las moscas).

¿Que qué es eso de las luces químicas? Fácil.

Las luces químicas son unas barritas de plástico flexible rellenas de dos sustancias químicas que, al juntarse, producen luz. ¡Puf! Pedazo de definición que me he marcado… A ver, en cristiano… que son unos tubitos que tienen dos líquidos diferentes que, cuando se mezclan, se iluminan.

Para que se mezclen estos líquidos y se enciendan, hay que doblar las barritas. De esta forma, se rompen unas cápsulas que tienen dentro y así se produce la reacción química. Además, si se agitan, se produce la luz aún más rápido.

La duración de la luz puede variar entre minutos y horas y la principal ventaja de estas barritas es que no se calientan y pueden meterse debajo del agua sin que se apaguen. ¿A que molan mucho?

Como detalle curioso, debemos saber que si calentamos las barritas justo después de encenderlas, la luz será más brillante, aunque durará menos tiempo. Por el contrario, si las enfriamos, la luz será más débil pero durará bastante más.

¿A que ahora nos da menos miedo quedarnos a oscuras?

Álex usa estas barritas químicas en La Máquina Voladora, donde ella y Qiang son encerrados en una oscura mazmorra. ¡Menos mal que es una chica la mar de preparada!